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Durazno Sangrante

Desayunar ya no es lo mismo.

Extraño su ausencia, hay un vacío en la mesa que puede sentirse, ya nada es igual por las mañanas. Si hasta la mermelada parece tener otro sabor, y eso que es de ciruelas como a mi me gusta, pero no sabe igual...
Hago un rulito con el cuchillo sobre la manteca, y le paso a la tostada aún caliente, se derrite enseguida, que rico, pero no...no es lo mismo.
El abuelo, se llena la taza de té y corta pedacitos de pan para poner adentro, veo esa masa flotante dar vueltas al compás de la cucharita. El también debe extrañarla, su mirada está clavada en algún lugar entre la alacena y la pared, tal vez mirando esa telaraña que aún sigue ahí, pero yo creo que esta pensando en ella, puedo verlo en el brillo de sus ojos.
Mamá no dice nada, siempre fue una conformista, le da igual todo, para ella todo tiene reemplazo, tal vez conformista no sea la palabra indicada, quizás sea práctica, pero ni siquiera ha vuelta a nombrarla desde que ya no está, sus desayunos son iguales que antes. La envidio.
El poeta decía: mi mirada la busca, mi corazón la busca y ella no esta conmigo, lo leí la noche anterior, y ahora viene a mi mente mientras sondeo la mesa en busca de algo que me la recuerde. Con el ruidito de fondo del abuelo llevándose su sopa de pan y té a la boca, pienso en ella; creo que la actitud de mamá es la que debería tener, a veces me da bronca su indiferencia o tal vez sea una buena adaptación a los cambios, pero creo que debería cerrar esa etapa. Intentaré seguir adelante, la vida continua, aunque los desayunos ya no sean los mismos, trataré de dejar atrás los recuerdos. Debo acostumbrarme a desayunar sin ellas, tengo que dejar de extrañar mirar el mundo a través del agujerito de una criollita.

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