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Durazno Sangrante

Glorioso asfalto primavera

Glorioso asfalto primavera Despertar al sonido estridente de las primeras horas del día era ya una costumbre nada agradable. Sabía perfectamente que las siguientes horas de la mañana iban a ser pesadas, plagadas de obligaciones sin sentido. Nada me hacía sufrir tanto como la terrible lentitud de la mañana. Lo único que me hacía dar cuenta de que estaba vivo eran esos mezquinos minutos de tiempo que nos dejaban entre hora y hora y que me permitían asomar apenas una pizca de mí mismo, un verdadero partícipe de esa danza maravillosa que los hombres llaman fútbol. Claro que no era lo mismo jugar al fútbol en esa pseudocárcel que en mi reinado, ahí donde no existían límites de tiempo.
Al mediodía comenzaba todo. En el carro ruidoso que me devolvía a mi castillo viajaba siempre con mi Gente de Confianza y antes de descender, en las inmediaciones, si veía a algunos de mis colaboradores, era obligatorio darles a los gritos las instrucciones precisas sobre mis acciones luego de la hora del almuerzo.
Habiendo cumplido con mis responsabilidades protocolares, a la hora predeterminada me reunía con toda la legión en el campo de entrenamiento al que llamábamos “El Glorioso Asfalto Primavera”, que sábado por medio se convertía en campo de batalla, el cual se debía defender con la vida misma si era necesario frente a los “Villanos de Coffeen” del reino vecino.
Allí nos especializábamos cada vez más en el bello arte del fútbol, el cual era la fuente más grande de honor y dicha o de vergüenza y dolor según lo dictaran las caras del destino. Mi tarea, como Rey, era la de llevar adelante a todo el grupo de guerreros, idear las estrategias de ataque correspondientes, asignar puestos dentro del campo pero por encima de todas las cosas hacer que cada uno se sintiera orgulloso por defender nuestra tierra y nuestro orgullo. Pero un día todo cambió… una nube densa de incertidumbre y duda derrumbó todo ese inmenso universo… me destituyeron como Rey y obligaron mi extradición a otras tierras… no podía entender lo que pasaba, me sacaban a la fuerza de mi lugar y me llevaban a donde no era nadie…
Con el tiempo me fui acostumbrando y el mismo tiempo, más que nunca, cumplió su obligada tarea de promover el olvido y eso es lo que me produjo, el olvido mismo…
Muchos años más tarde, volviendo en bicicleta de la cede del Club Atlético Provincial a mi casa de San Luis e Iriondo, pasé por una casita que quedaba en Av. Francia y la cortada Primavera, me resultaba conocida y desconocida a la vez
. Detengo mi marcha, cierro los ojos y empiezo a recordar lentamente y me doy cuenta de que esa casita era mi antiguo castillo, que la cortada era mi campo de batalla, “El Glorioso Asfalto Primavera”. Ahora empezaba a darme cuenta de la “realidad” de las cosas: la pseudocárcel era la escuela, el carro ruidoso era el Fiat 128 Iava de mi viejo, mi gente de confianza eran mis tres hermanos, mis colaboradores eran mis amigos y lo que hacíamos los sábados era jugar un “simple partido de fútbol” contra los chicos de la cortada Coffeen. Además comprendí que no me habían quitado el honor de ser Rey porque nunca lo había sido y que la extradición fue la necesidad de mis padres de mudarnos de casa por falta de espacio.
En fin… la memoria condena el olvido con un baldazo de realidad…

Matias Formia

2 comentarios

Alonso -

Me gusto mucho tu relato ,me encuentro investigando de la familia Galiffi desde hace ya un tiempo y tuve la suerte de encontrarme aca en Rosario con un ahijado de ella tego tambien dos fotos de ella una de adolecente y la otra ya de adulta dispongo de algunos datos que no me molestarian compartir con vos ,si te interesa ponete en contacto conmigo gracias .

diego -

el mejor cuento de toda la pagina, sobre todo por el escritor.
vamos matias todavia!!!!!
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