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Durazno Sangrante

Esa no se consigue

Esa no se consigue La tengo, la tengo, la tengo, no la tengo, la tengo, la tengo...y así hasta terminar el fajo, obviamente luego comenzaban las negociaciones por la que no tengo, la cantidad de figuritas a pagar por la que me faltaba dependía del conocimiento que tenia el poseedor de la misma sobre mi álbum, generalmente si era de la otra cuadra, podía costarme menos, pero si se trataba de negociar con alguno de mis compañeros de juegos, la cosa se ponía más dura, el sabía cuantas me faltaban y eso endurecía las cosas, porque aquí se jugaba no solo quien tenía más figuritas en fajitos atados con gomitas, sino quien llenaba el álbum primero.
“La que no se consigue” era la meta, cada paquete que compraba lo besaba y lo abría casi como en un ritual, tenia que estar, si tenia que estar...no..no estaba y así alimentábamos las arcas del kiosquito de Don Antonio, el razonamiento era simple, sino estaba en este estaba en el que seguía, y eso que Don Antonio nos dejaba revolver antes de sacar un paquete. Volver a casa corriendo, pedir más plata y otra vez...no está...
Jugarlas, ni en pedo, salvo que el contrincante fuera fácil, pero no me gustaba perder en las figuritas prefería acaparar y tener varios fajos en el bolsillo, eso tentaba a los demás a desafiarme, pero eso no me importaba, prefería tener muchas para cuando apareciera alguien con “la que no se consigue”.
Una vez, en las figuritas “mundo natural” la que no se conseguía era la tarántula, mientras la maestra enseñaba la orografía de no se que lugar, me puse a pintar con la fibra una de la figuritas, un mosquito...cuando se la mostré al cabezón Lezcano, me dijo: "¡uuuuu! !Se parece a la tarántula!", ese fue el detonante para tramar un truculento fraude contra los fabricantes de figuritas, bien lo valía, el premio era una fútbol Nº 5, si bien yo ya tenía, no había como el que te ganabas llenando un álbum . Así fue como llegué a casa y le di los últimos retoques al mosquito devenido en tarántula, lo pegué desparejo para ocultar evidencias y se lo llevé a Don Antonio, lo miró hoja por hoja y me dijo:
-Bien hecho pibe lo llenaste.
Ansiosamente esperé la llegada del premio, lo tenía que ir a buscar al kiosco una semana después, llegado el día, subí despacio los tres escalones de madera que el kiosquero había diseñado para alcanzar la ventana, y le dije: “¿llego mi premio?”, sí, asintió con la cabeza Don Antonio y me devolvió el álbum, todo tachado, hoja por hoja, figurita por figurita y con una leyenda que decía “la figurita Nº 114 esta falsificada”.
Mi primer acto delictivo había sido un fracaso, tenía que volver a empezar de nuevo. Compre el álbum, mi stock de figuritas me permitió llenar rápidamente los espacios, pero el Nº 114 seguía vacío, una sola, una sola y ya estaba, pero no aparecía, hasta que cierto día debajo de eucaliptus gigante del colegio se me acercó un chico de otro grado y me dijo: “¿Che a vos te falta la tarántula? te la cambio a mi me salió dos veces en el mismo paquete”...no podía creer lo que escuchaba, tratando de ocultar mi ansiedad para no despertar la avaricia del otro, me hice el indiferente, le pregunte:
-¿por cuantas?
-por una, la que me falta
-y cual te falta
-el mosquito
-te veo en el otro recreo, le dije
Y corrí hacia el baño a repasar fajo por fajo, pero no...el único mosquito que tenía lo había arruinado pintándolo como una tarántula...de nada me servían las casi doscientas figuritas que tenía, si el sólo quería el mosquito, fui hasta el grado y pregunté en voz alta si alguien tenía el mosquito pero todos dijeron que no...de vuelta en el patio le pregunte a cuanto pibe se me cruzaba y la respuesta era la misma, “al mosquito la jugé, es resalidora”..
Sólo me quedaban unas monedas en el bolsillo del guardapolvos, las suficientes como para comprar un paquete de figuritas, uno solo...las posibilidades de que me saliera el mosquito eran remotas, aunque era una de las más salidoras. Subí despacio los escalones hasta la ventana, toque el timbre, Don Antonio me miró con cara de malo, y me dijo: no me traerás otro álbum falsificado ¿no?, no le dije, sólo quiero un paquetito de mundo natural, pero déjeme revolverlas, el viejo se sonrío.
-sólo me queda un paquete en la cajita.
Dude por un momento si lo compraba o no, mejor me iba hasta la otra cuadra, seguro allí tendrían más para poder elegir, pero de un impulso le dije: “démelo”, cuando lo tuve entre mis manos lo besé como era habitual, lo sacudí como para asegurarme que no rompería ninguna, en mi mente solo me repetía: “que salga el mosquito, que salga el mosquito” como en trance...lo abrí despacio, las mire una por una, y cuando llegue a la última...ahí estaba, peluda, con sus ocho ojos mirándome...la tarántula

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